Ganar perdiendo


Introducción 

En los últimos tiempos la definición "derrota digna" cayó en los terrenos del cinismo y la mofa.
Los resultados siempre mandaron en el deporte y especialmente en nuestro país donde en todos los órdenes de la vida no importan los medios ni como se llega a un fin.

Solo se llega y punto.

En este contexto a Ferro le tocó "sufrir" una "derrota digna" nada más ni nada menos que frente al último campeón del fútbol de Primera.

Ferro que tras un mal comienzo en el torneo Nacional, fue de a poco encontrando una idea de juego y resultados positivos, llegaba al estadio Mercado Luna con muchas dosis de ilusión y acompañado en buen número por su hinchada para trata de hacer la "épica" en la Copa Argentina.

El partido 

El conjunto Verdolaga para sorpresa más de  extraños que de propios, se le plantó de igual a igual a la escuelita de encubridores de la ribera.

Las diferencias de categoría no se hicieron notar en demasía y Oeste contó con sus chances para dar el batacazo en La Rioja durante los primeros 45 minutos.

Tratando de tirar toda la carne al asador en su responsabilidad de equipo "grande", el Xeneixe quiso acorralar al verde en el complemento pero no le alcanzaba. 

Ferro resistía bien los embates y de contragolpe intentaba vencer la valla de Rossi, figura en el rival. 




En un momento de desatención en el fondo verdolaga, llegaría el gol del-que-tendría-que-haber-estado-detenido Villa para quebrar el marcador a poco más de 10 minutos de cumplirse el tiempo reglamentario.

Lejos de deprimirse, los dirigidos por la dupla Branda-Kohan fueron en busca del empate y casi lo consiguen.

El pitazo del final de Mastrángelo y la consiguiente derrota más que dejarnos en la desazón, nos abrigó en la esperanza de que hay un camino, un medio que se está cimentando para conseguir en la competición que más vale el fin de ingresar al reducido por el ascenso.

Concluyendo

Ferro ganó perdiendo, porqué siguió reconciliándose con su gente que dejó trabajos y obligaciones para estar a más de mil kilómetros sabiendo de lo casi utópico de la situación y dejando en claro que nunca vamos a abandonar esta pasión.

Siempre estaremos presentes para decirles a los que nos creen muertos, que nunca dejamos de ser: apenas estamos recomponiendo nuestras heridas y falta poco para sanar.

Por eso todavía transitando la Ruta 38 con 12 horas más por delante hasta Buenos Aires, no pesa este viaje de regreso y queda bastante fuerza para esbozar una pequeña crónica.

Ganamos, aún perdiendo.
 

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