Ferro volvió al triunfo venciendo a Guaraní Antonio Franco (que pena en el fondo de la tabla y los promedios) y volvió a prenderse en el lote de equipos que pugna por un puesto en el reducido. Fue apenas 1-0 y para no perder la costumbre, sufriendo algún que otro sobresalto. Todavía soñamos.


Había que revertir la pálida imágen que dejó la derrota frente a Chacarita el último miércoles. Una dura caída que le impidió al conjunto de Broggi mantener una racha positiva extendida también hacia la Copa Argentina. Falló el planteo y la actitud en San Martín y había que revalidar las credenciales nuevamente en Caballito para no perder el tren hacia el sueño del ascenso.

Lo logró Ferro en el resultado, a esta altura lo más importante. Pero a nivel fútbolístico dejó bastantes cuestiones pendientes y sufrió en varios tramos del encuentro ante el último del certámen junto a Unión de Mar de Plata.

La constante de Ferro que le cuesta resolver los partidos que a priori se presentan como más accesibles como sucedió con Sportivo Belgrano,  Brown de Puerto Madryn, Estudiantes de San Luis o Douglas Haig, no fue la excepción con Guaraní Antonio Franco que llegó a Caballito para esperar en primera instancia la propuesta del dueño de casa.

Los primeros minutos de Ferro fueron amenazantes pero no tan incisivos. Se meditaba demasiado cada pase, cada decisión y el ritmo de juego disminuyó dándole un aliciente a los posadeños que adelantaron un par de metros sus líneas, pasaron de esperar el error ajeno a provocarlo. Porque el verdolaga confundía tenencia de pelota con superioridad. Y si bien el cuadro presentaba una leve tendencia a favor, faltaba explosión y sorpresa en los últimos metros.

Vernetti desarrollaba su juego lejos del área y todo su potencial técnico moría en centros con poco compromiso y claridad. Cuando el rosarino entendió que el negocio era ir hasta el fondo y ahí sí buscar el pase atrás para los pies de Vizcarra, Salmerón o cualquier otra humanidad dispuesta frente al arco, aparecíó el riesgo.

Por el otro lado Bazán no pesaba, restándole una alternativa más a Ferro para generar juego. El 10 se empecinaba en atravesar la materia, aún cuando sabemos que es impenetrable: nunca pudo encontrar un socio y prefirió encarar una actuación individual, pero chocando una y otra vez con sus marcadores de ocasión, que le agradecían sus ansias de querer ir con su cuerpo por donde siempre sería superado.

Entre las indecisiones del once verdolaga que a medida que corrían los minutos bajaba más el ritmo, Guaraní se despertó y le avisó a Ferro que no había llegado solamente para especular, también quería lastimar y casi logra su cometido.

Pasada la primer media hora una triangulación perfecta entre Ostrowski, Gomez y Kopp se transformaría en una de las situaciones más claras del partido. Kopp quedaría mano a mano con Limousin y ante la salida del arquero no le quedó cómoda la pelota para mandarla a guardar y su definición salió desviada, más cerca del palo que de la red. Al rato, Narese aparecería por la izquierda y encontraría la cabeza de Mauro Gómez que envenenó el balón pero Limousin con su puños se encargaría de despejarlo por encima del travesaño.

Ferro no reaccionó a esos dos minutos de advertencia que el equipo de Zuccarelli le había dado. Desde ahí al final de la primera etapa, todo se desarrolló con un Ferro tratando de bajarle los decibeles al envión misionero y volver a tener la pelota, pero sin ideas claras. El telón se cerraba para dar lugar al descanso y la elucubración de teorías sobre si Broggi tendría las palabras necesarias para aclarar el panorama incierto en el complemento.

Arrancó el segundo tiempo con el verdolaga más despierto y nítido. Avisó Vernetti de entrada con un remate de media distacia que se fue apenas por encima del horizontal y a los 3 minutos con un tiro libre ejecutado de manera formidable habilitó a Frontini para que volvieramos a gritar gol y despejar todos los fantasmas.

Ferro se ponía arriba en el marcador y la historia comenzaba a escribirse de otra manera. Bazán ya no se escondía tanto, pedía la pelota y se cruzaba de un lado a otro del campo para buscar sociedades efectivas y no el excesivo intento individual. Mientras tanto en el medio surgía la figura de Aquino, una pieza que se volvió vital para el equipo, que sumó a su excelente tarea de recuperación el compromiso de ejercer la conducción del juego cuando el trámite se lo requería, sin que la pelota le queme los pies.

Corrían los minutos y el verde seguía más cerca del segundo gol que Guaraní de vislumbrar la igualdad. Lo tuvo Vizcarra luego de un contragolpe iniciado por Bazán que derivó en el pase de Salmerón para el ingreso solitario de Vernetti por la derecha. Vernetti asistió al "Chino" que no pudo darle de lleno y la pelota fue salvada por Jerez sobre la línea.

El "in crescendo" de Ferro fue frenándose paulatinamente hacia los 25', cuando se retira Vernetti, el hombre de creación con más claridad, aún con intermitencias. Cuando el rosarino le había encontrado la vuelta al entramado defensivo del rival, Broggi decidió reemplazarlo por Coll. Se sintió el bajón porque ya no se llegaría con la profundidad que se había logrado por el envión anímico que significó el gol tempranero.

Llegando a los últimos quince minutos de juego exisitó una jugada que pudo haberle dado más oxígeno al triunfo y tal vez la liquidación del trámite. Mosquera toma en el área a Salmerón y el referí Castro apuntó la falta pitando un clarísimo penal. Pero haciendo caso al linesman que levantó segundos antes su banderita cobrando un polémico off-side al "Pupi", quedó totalmente desterrada esa inmejorable oportunidad.

Aquella fue la chance más clara que pudo haber obtenido Ferro para sellar la victoria, porque de ahí se iría replegando peligrosamente hacia su valla conformando dos líneas de cuatro casi estáticas, con el ingreso de un Gómez apagado por un Salmerón que demostró no tener muchas ganas de sentarse en el banco. A nuestro entender, tampoco pensabamos que el cambio era ese, porque el nueve verdolaga era una herramienta fundamental de presión en las salidas de Guaraní.Y no se lo notaba con cansancio. El tercer cambio de Mozzo por Bazán, volante de contención por creativo, tampoco tenía mucha razón de ser a juzgar por lo inofensvio que estaba resultando el rival. Quizá el ingreso de Aragón, más movedizo y decididamente atacante, hubiera sido la lógica para darle un socio a Coll que no enocontraba un compañero donde descargar e implementar el riesgo.

Si la idea de Broggi era cuidar el 1-0 y ensuciar todo el juego, limitado pero con enjundia, que Guaraní proponía, no lo logró. Porque ni se taparon todas las salidas y terminamos encumbrando a Limousin com figura del partido, salvando dos pelotas que tenían destino certero de gol.  Lo que tendría que haber sido un Ferro ordenado tratando de recuperar y contragolpear rápido, como el útlimo partido en Caballito frente a Santamarina, terminó siendo un pedido desesperado por llegar al final.

Y llegó el final, al borde del infarto pero feliz. Con un Limousin heróico y la confianza que genera volver a festejar en casa para no perder el rumbo hacia el ascenso, sabiendo que la próxima parada en Mendoza será durísima y una prueba exigente para conseguir una victoria en territorio ajeno, algo que se viene negando, y consolide a Ferro en la pelea del reducido. Se puede.