Empate sin goles en el reducto de Monte Castro. Paupérrima actuación de Oeste que no logra levantar cabeza y cada vez juega peor. Lo único rescatable fue Albil que tapó lo que era gol de Pirchio y pudo mantener la valla invicta.


Ferro sigue preocupando a los hinchas que en las últimas tres fechas lo único que pudo ver fue un equipo desmoronado y sin rumbo. La falta de actitud en varios jugadores y la paupérrima actuación colectiva frente a All Boys impide llevar este empate hacia el lado del optimismo.

Con una plantilla que presentó varios cambios, el conjunto de Broggi debía ante todo volver a demostrar lo que insinuó en los primeros tramos del torneo más allá de los resultados. Se creaban situaciones de gol, existía una idea táctica, cierto orden entre líneas que brindaba una imágen de equipo coherente.

Esa película que había comenzado prometedora y con que el correr de la cinta fue virando la trama hacia lo más parecido a un fiasco, llegó a ese momento en el que uno se levanta de la butaca y se dirige a golpear el vidrio de la boletería para exigir que devuelvan el dinero.

El cóctel de la exasperción mezcló horrores defensivos, nula generación de juego en el mediocampo y un ataque inofensivo. La última línea verdolaga provocó que All Boys, un equipo que tampoco tuvo demasiadas luces y fue a la carga más que nada por la presión de su público, provocara el riesgo pero, por fortuna de algún palo, Albil o la mala puntería, no concretara daño alguno.

Sin Bazán ni el "Pupi" Salmerón, Ferro careció de creatividad y presión en el mediocampo y el área rival. Coll y Bordonaro lejos estuvieron de ser mejores que los reemplazados y fueron fantasmas en la noche de Floresta. No aportaron nada de nada para el equipo. El "Tati" directamente no tocó la pelota y el ex-Villa San Carlos cometió todo tipo de torpezas que lo asemejaron más a Tandarica que a un jugador de fútbol profesional.

En 90 minutos sólo Vernetti tuvo un mano a mano que resolvió Losa, luego de una débil definición del rosarino. Preocupante. Preocupados.

¿Qué fue de ese equipo que nos ilusionó con una actitud y una coherencia táctica que se mantenía inalterable más allá de se ganara, perdiera, hiciera goles o no?  Tan rápido se nos hacen añicos las esperanzas de ver al verdolaga peleando dignamente un puesto por volver a Primera?

A 29 fechas del final y con los promedios acechando, todavía no sabemos para qué estamos.