Sin sufrimiento no vale

Sin sufrimiento no vale, parece que fue, es y por lo pronto será el lema con el que cargará Ferro en este largo y extenuante torneo. Frente a un Instituto que complicó gracias a la presión intensiva que ejerció sobre los hombres de verde, y dónde el gol llegó en el momento y de una forma tal vez inesperada, se logró una victoria muy importante para mantener la carrera y fortalecer el ánimo del equipo.

Luego de una semana donde pesó la bronca del empate en Madryn, los muchachos de Broggi fueron de lleno a buscar el protagonismo en la tarde de Caballito. Comenzó con unos primeros quince minutos donde Ferro dominó las acciones pero no lograba darle una resolución definitiva al buen trabajo del mediocampo y la obligación constante que ejercían Salmerón y Gómez sobre la defensa rival.

Poco a poco Instituto emparejó el asunto, llamó la atención de Albil, pero sin claridad. Su meta fue meter presión, montar tres cordobeses por cada jugador verdolaga y aprovechar el error ajeno cuando se presentara la oportunidad. Y meter alguna que otra patadita fuera de lugar también.

La primera etapa resultó un poco agobiante, con un Ferro predispuesto a buscar por todos los sectores pero algo nublado para hallar los espacios, que no abundaban, pero tampoco se lograban generar. Con el trámite vuelto engorroso y sin un dominador claro, el pronóstico del complemento se hacía díficil pero con la certeza de que con reacomodar algunos conceptos se podía abrir el partido.

No tardó mucho Ferro en lograr la ventaja. Al minuto exacto de reiniciado el juego, Vernetti ejecuta un tiro libre en forma de centro encontrando a David Achucarro que de manera fantasmal apareció detrás de toda esa maraña de agarrones y fricciones que colmaba el área de Instituto. Con una comba extraña y casi dándole con el tobillo izquierdo, el central verdolaga envió la pelota al ángulo derecho del arco defendido por Hoyos.

Toda la incertidumbre del comienzo, se deshizo, pacificando y equilibrando los movimientos de Ferro, que al obligar a la “Gloria” a dar un paso más al frente, pudo encontrar más espacios y nichos de oportunidad para agrandar el marcador. A medida que el cronómetro avanzaba, más crecía la sensación que en cualquier instante se liquidaba el pleito.

Pero sin sufrimiento no vale. Y esta vez el ideólogo de ponernos los pelos de punta fue el inefable árbitro Gerardo Méndez Cedro que luego de perdonarle la vida a varios jugadores de la visita, decidió a los 30 minutos del complemento expulsar al lateral Eduardo Casais (previamente amonestado por una falta que no revistió tal gravedad) por, supuestamente, “hacer tiempo”


Se calentó el partido de manera insólita y Ferro tuvo que apostarse bien firme en el fondo y en el mediocampo para enfrentar la arremetida albirroja que iría a todo o nada por igualar el marcador y aprovechar el shock que generó la expulsión.

Llegó Instituto a la morada de Albil, y replicaba Ferro cuando recuperaba el aire para ensayar de contragolpe alguna jugada o pelota parada que definiera el resultado. El corazón del “Pupi” para pelearlas todas bien arriba y las corajeadas de Bazán, fueron el eje para mantener expectante la vista en el arco de enfrente.

Cuando ya nada hacía peligrar la victoria, el referí haciendo gala de su falta de criterio, adiciona cinco minutos. Pánico en la platea de Ferro, en el living a punto de romper el televisor, en la calle con la oreja pegada a la radio o en el laburo a punto de revolear el monitor de la PC.

La guachada de Giannini estaba latente y los nervios aumentaron en Caballito más que el veranito pasado con una semana sin suministro eléctrico. Pero en un rapto de piedad, ánimo de compensar fallos groseros o simplemente ineptitud para ejercer el cargo, Mendez Cedro le hizo honor a su segundo apellido y el pitazo final lo dió dos minutos antes de los cinco que había agregado.

Y en ese momento ya no existió más el referí de madera, los merecimientos, si se jugó bien o mal, nada. En ese momento caímos en la felicidad absoluta que significa ver ganar a Ferro en casa. Con todas las dificultades propias y ajenas, con todo el bagaje de frustraciones, Ferro asoma este año dispuesto a darnos más alegrías que tristezas y acomodarse en la discusión del campeonato.

Disfrute Caballito, disfrute Pueblo Verdolaga. Lo merecemos.

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